lunes, 15 de septiembre de 2008

Esto requiere un re – kant – ciliación:

Re – kant – ciliación en Königsberg.

El otro día recibí una mala noticia. Por una extraña coincidencia me encontraba hablando con un informático que había sido destinado a Königsberg para trabajar en una multinacional. No pude evitar hacerle la broma de preguntarle por Kant, cuando me aseguró que no sabía de quién le estaba hablando.



Ahora le doy vueltas a esto y me pregunto: ¿Y si el pensador ilustrado pasara hoy por las calles de, la que en una época fue considera la Hong Kong del Báltico, lo haría con una Smart Phone en las manos o con un reloj de bolsillo?

domingo, 14 de enero de 2007

La Muerte de la Ventana


Courbet en El Estudio habla de La muerte de la ventana como la vida del cuadro argumentaba que si él como pintor se encargaba únicamente de retratar las miserias de la sociedad de su tiempo no dejaba rienda suelta a la verdadera pintura. En esta obra se retrata en su estudio frente a un grupo de personas de la calle, víctimas de la sociedad pre-industrial. Sin embargo en su lienzo se adivina una escena de la naturaleza, muy alejada de la realidad de las aceras, de lo que se podía encontrar al mirar por la ventana de su estudio.
Si Windows, que es La Ventana, se impone en nuestros equipos como un sistema dotado de un amplio abanico de posibilidades pero que sin embargo te aprisiona y te hace olvidar el derecho a programar, 1
propongo La muerte de la Ventana por una nueva era digital.

1 Gupo influenza. Presentación de proyectos en medialabmadrid.. 20-10-2005.

Carmen, Ligeti y los iconos religiosos


Cuando entré por primera vez a la casa de Carmen me llamó la atención la cantidad de vírgenes, santos e iconos religiosos que ocupaban todas sus habitaciones. En el sofá del comedor, frente a la tele, había un cristo que, por ser invierno, ella tenía tapado con un poncho de lana roja. Carmen decía que como estaba tan sola le daba compañía y protección, pero que nuestra llegada le tranquilizaba y alegraba porque sólo con saber que alguien vivía arriba se sentía más amparada ante la llegada de un extraño. Si nos íbamos de viaje por unos días a Barcelona o a Madrid, al despedirnos, nos contaba historias de cuando era joven y se paseaba por Las Ramblas o la Gran Vía después de la función.

Con la primavera, en un taller de artes escénicas llegó a mis manos un disco de Ligeti; cuando decidí ponerlo estaba haciendo limpieza, por lo que ventanas y puertas quedaron abiertas un buen rato. Cuando me encontré a Carmen en la escalera me preguntó si era yo el que tocaba y le respondí que no. ¡Qué bonito, precioso! me dijo. Mientras subía le sonreía extrañado de cómo le podía gustar una música con melodías tan violentas y enloquecidas como las de Ligeti. Luego pensé: ¡Con más motivo que a mí! ¡Es la música de su época!

Las tres máximas de Bach


Si preguntáramos a alguien al azar si sabe quién es J. S. Bach probablemente nos diría algo así como “el mejor músico de todos los tiempos”, en cambio si nos encontráramos ante un músico quizás podría apuntar que fue un compositor alemán que vivió entre 1685 y 1750. Descubrimos entonces que hay una mezcla de admiración y complicidad con ésta importante figura de la música; es respetado por todos sin distinguir gustos o afinidades. J. S. Bach fue en verdad relevante para la música occidental al elaborar el sistema temperado de afinación y desarrollar hasta niveles nunca alcanzados la polifonía. Para él -y de sus propias palabras sale- sólo había tres cosas en la vida: su familia, dios y la música. Pero: ¿No hay una extraña relación con algunos paradigmas actuales? (sexo, drogas y rock and roll).